¿Qué es noticia?

 

El periodismo suele destacar como noticiable la generalidad o la importancia de lo que se cuenta. Obviamente, este es un punto clave de la materia, dado que se trata de “qué contar”, y ya desde este nivel de génesis plantea una paradoja tremenda ya que podemos estar hablando de lo que afecta a mucha gente (perspectiva “cuantitativa”) o de lo que es importante (perspectiva “cualitativa”).

A esto sigue una reflexión: eso que el periodismo puede considerar de importancia, aunque parezca no ser una preocupación general, puede llegar a alcanzar esa generalidad por intermediación, precisamente del periodismo y quizás, de hecho, sea esta una de sus funciones sociales.

Y obviamente, tanto una perspectiva como la otra están marcadas por el punto de vista subjetivo del creador de la noticia (porque la noticia se crea, no existe por sí sola). Ese creador es quien determina qué es importante y qué es general. No se trata aquí de reinvindicar la subjetividad con la que a veces tratamos de defendernos l@s alternativ@s de la ideología dominante escondida bajo una falsa objetividad, sino de tener en cuenta que a la hora de trabajar, lo hagamos a propósito o no, estamos predeterminados por valores que definen qué se convierte en noticia y, por lo tanto, estamos siendo parte activa en la creación de discursos, contenidos políticos y valores. Si no pasamos por alto este asunto, tendremos la libertad, al menos, de dirigir el trabajo guiado por nuestra coherencia (o por nuestras ganas de generar opinión, eso es cosa de cada un@ y de cada grupo “generador”) o de ser simples transmisores de discursos/valores que nosotros mismos hemos asumido y que no cuestionamos.

Es importante lo que afecta a mucha gente, incluso si a mucha gente no parece preocuparle.

Es importante lo que afecta a poca gente, pero choca con valores considerados universales o extendidos en una sociedad (por ejemplo, unos pocos excluidos en una sociedad que se autodenomina “de bienestar”).

Parecería (a mí me escandaliza) que es poco importante una noticia sobre ocio o divertida y sin transcendencia, pero hay quien pueda decir que es importante aquello que será muy demandado o que generará atención en el receptor.

 

“Qué es lo importante” determina “cómo se redacta/crea la noticia”

Esto no es sólo una cuestión de deontología periodística que luego quizás pueda sentirse alejada de la noticia pura y dura, de la narración sobre un tema. Esto determina la arena de la redacción del texto: Es noticiable el hecho de que se produzca una manifestación y narrar sus datos relevantes. Si esta termina en disturbios, la noticia (por el esquema que marca la línea editorial de los medios) deja de ser que “Ha habido una manifestación” para pasar a ser que “La manifestación convocada por “X” acaba en disturbios”. Pero a veces se asumen ejemplos menos claros de control de lo noticialbe: Si se considera habitual y normal manifestarse, se tenderá a redactar noticias dando importancia a lo que distinga unas manifestaciones de otras, pero si se considera “anormal” que ciudadanos salgan a protestar, la importancia seguirá residiendo, principalmente, en ese ejercicio.

 

El reto: por qué destacamos lo que destacamos.

Dando por hecho que las noticias se crean (a veces es espontáneo, otras nos las dicta el sentido común, por cierto, quizás el mayor “contenedor” de valores” y otras las construye una intención clara y dirigida para primar un discurso activamente interesado) y que estas promueven un discurso, la pregunta de “qué es importante” está implícita en la acción de generar una noticia. Darle la vuelta a este proceso y preguntarnos por qué el titular o la idea principal es esta y no otra nos convierte en parte activa del proceso más general de generación de discurso y nos conecta con la realidad haciéndonos partícipes y transcendiendo la figura del mero receptor. Es por lo tanto un ejercicio imprescindible para periodistas como para cualquier ciudadano que no renuncie a su dimensión política.

La  presentación de una iniciativa por cauces legales, o de muchos recursos administrativos de determinada característica, es noticiable en un espacio político donde no hay una cultura política de empoderamiento hacia las instituciones. Hacerlo noticiable, supone destacar esa carencia de un discurso dominante.

La obviedad nos hará ver que destacar los disturbios de una manifestación  puede tener la intencionalidad clara de criminalizar las ideas o grupos que la promueven como de reivindicar una resistencia que pervierte el orden legal o, al contrario, según se construya el texto, acusar al orden contra el que se dirige la protesta. Nos suele parecer grave esa “intencionalidad redactora” pero, en mi humilde opinión, es verdaderamente perverso cuando la importancia se acentúa, simplemente para conquistar de manera fácil al receptor, ya que, igualmente se transmiten valores determinados, y, además, se alimenta una relación irreflexiva con la realidad, en lugar de un proceso de pensamiento crítico.

El ciudadano que quiera enfrentarse a la realidad y no caer en la desesperación, podría encontrar cierto bienestar haciendo el sencillo análisis de preguntarse por qué algo es o no importante. El periodista o los grupos de creación y procesamiento de la información tienen la obligación de guiarse por estas cuestiones, por motivos éticos, pero también por motivos prácticos, porque no se puede informar de todo y porque dicho análisis puede ser la diferencia entre informar bien (siempre en términos subjetivos) o confundirse con autores de los horóscopos que hablan en presente.

La intencionalidad de los medios, los sentimientos de pertenencia y afinidades serían un tema importante si no fuera tan evidente y se diera tantas veces por supuesta en las noticias a las que tenemos acceso. Podría producirse una evolución de la información y de los procesos que esta activa, redactando y añadiendo al universo de “lo noticiable”, por ejemplo, las preguntas a los protagonistas de las noticias sobre lo que esperan de una acción, o acentuando todo aquello que dice un político que se escape de las directrices institucionales. Cuestionando, tal vez, los perfiles que dirigen las encuestas o bajando a la calle a preguntar al ciudadano qué información ha captado de noticias concretas que determinan las agendas informativas o cómo interpreta cada un@ los mensajes institucionales, en una vuelta de tuerca que además de incorporar el análisis de qué es noticiable, tratara de analizar el efecto de lo que se hace noticiable por rutina empresarial y política.

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